jueves, 15 de diciembre de 2016

Antes de casarte

Compañeros de viaje

Es oportuno conocer qué tipo de camino deseo recorrer con mi compañero de viaje, en su fase inicial; el noviazgo. Comprobar que vamos alcanzando las marcas adecuadas del sendero, sabiendo que será mi acompañante para la peregrinación de la vida.

Los meeting points se han de ir cumpliendo. Para eso podemos plantear ahora algunas preguntas concretas y prácticas que se refieren no tanto al conocimiento del otro como persona, sino a examinar el estado de la relación de noviazgo en sí misma.
  • ¿Sabemos ser a la vez comprensivos –para respetar el modo de ser de cada uno y su particular velocidad de avance en sus esfuerzos y luchas– y exigentes: para no dejarnos acomodar pactando con los defectos de uno y otro?
  • ¿Cuánto hemos crecido desde que iniciamos la relación de noviazgo?
  • ¿Cómo nos hemos enriquecido –o empobrecido– en nuestra madurez personal humana y cristiana?
  • ¿Hay equilibrio y proporción en lo que ocupa de cabeza, de tiempo, de corazón?
  • ¿Existe un conocimiento cada vez más profundo y una confianza cada vez mayor?
  • ¿Sabemos bien cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles propios y del otro, y procuramos ayudarnos a sacar lo mejor de cada uno?
  • ¿Valoro en más lo positivo en la relación?
  • A la hora de querer y expresar el cariño, ¿tenemos como primer criterio no tanto las manifestaciones sensibles, sino la búsqueda del bien del otro por delante del propio?
  • ¿Existe una cierta madurez afectiva, al menos incoada?
  • ¿Compartimos realmente unos valores fundamentales y existe entendimiento mutuo respecto al plan futuro de matrimonio y familia?
  • ¿Sabemos dialogar sin acalorarnos cuando las opiniones son diversas o aparecen desacuerdos?
  • ¿Somos capaces de distinguir lo importante de lo intrascendente y, en consecuencia, cedemos cuando se trata de detalles sin importancia?
  • ¿Reconocemos los propios errores cuando el otro nos los advierte?
  • ¿Nos damos cuenta de cuándo, en qué y cómo se mete por medio el amor propio o la susceptibilidad?
  • ¿Aprendemos a llevar bien los defectos del otro y a la vez a ayudarle en su lucha?
  • ¿Cuidamos la exclusividad de la relación y evitamos interferencias afectivas difícilmente compatibles con ella?
  • ¿Nos planteamos con frecuencia cómo mejorar nuestro trato y cómo mejorar la relación misma?
  • El modo de vivir nuestra relación, ¿está íntimamente relacionado con nuestra fe y nuestras virtudes cristianas en todos sus aspectos?
  • ¿Valoramos el hecho de que el matrimonio es un sacramento, y compartimos su alcance para nuestra vocación cristiana? 
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